lunes, 3 de agosto de 2026
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El secreto histórico de la supervivencia vasca frente al escorbuto en altamar

Durante el siglo XVI, la dieta basada en la sidra y el bacalao permitió a los marineros vascos evitar el escorbuto que diezmaba a otras flotas europeas.

Redacción Bitácora
Foto: xataka.com.mx

En el siglo XVI, las largas travesías oceánicas representaban un peligro constante para las tripulaciones de todo el mundo. Más allá de los naufragios, las tormentas o los ataques de piratas, los marineros enfrentaban una amenaza silenciosa y letal: el escorbuto. Mientras otras potencias navales sufrían bajas masivas por esta enfermedad causada por la deficiencia severa de vitamina C, los marineros vascos lograban completar sus expediciones con tasas de supervivencia notablemente superiores, una anomalía histórica que ha sido objeto de estudio por expertos en medicina marítima y nutrición.

La clave de esta resistencia radicaba en sus hábitos alimenticios y en las provisiones que cargaban en sus embarcaciones. A diferencia de las dietas basadas exclusivamente en galletas duras y carne salada, los vascos incorporaban el consumo habitual de sidra de manzana y bacalao capturado en las gélidas aguas del Atlántico Norte. La sidra, rica en ácido ascórbico, actuaba como un antídoto natural que, aunque no era comprendido bajo los términos científicos de la época, evitaba la degeneración física de los navegantes durante meses de aislamiento en el mar.

Investigaciones históricas sugieren que la integración de estos productos en su dieta diaria no fue una estrategia médica consciente, sino una adaptación cultural heredada de sus prácticas costeras. Al mantener estas tradiciones en sus expediciones hacia Terranova, los marineros pudieron sortear los efectos devastadores de la malnutrición que afectaban a las armadas de otras naciones europeas. Este fenómeno demuestra cómo el conocimiento empírico de las sociedades tradicionales permitió superar obstáculos que la ciencia oficial tardaría siglos en resolver.

Hoy en día, este episodio es recordado como uno de los casos más fascinantes de medicina preventiva intuitiva en la historia de la navegación. El legado de los marinos vascos subraya la importancia de la diversidad nutricional y cómo los saberes locales, en ocasiones ignorados por la ciencia académica de su tiempo, fueron determinantes para la expansión marítima global. La historia de su supervivencia continúa siendo un recordatorio sobre la estrecha relación entre los hábitos alimenticios y la salud pública en condiciones extremas.

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